martes, 19 de junio de 2018

LA PLAYA DE LOS DESEOS


Justo antes del amanecer, en esa hora difusa en que nada es lo que parece, sus pies, adornados con abalorios de otras tierras, se dejaban balancear por el vaivén del agua, y el resto de su cuerpo, de piel cobriza y sin ropaje alguno, reflejaba las últimas luces de la noche. A todo lo largo de la playa se podían ver siluetas semejantes, desnudas y con piel de avellana, pero solamente la suya tenía esa tersura sensual y apetecible.
No tardarían en llegar los veraneantes más madrugadores, de modo que, acercándola hacia mí, alivié con ella en un breve jadeo mi forzada abstinencia.
Cuando el cielo comenzó a clarear, me despedí de ella y recorrí con mis manos todo su cuerpo, terminando con un lento adiós, besuqueando los dedos de sus pies, menudos y arrugados. Ya era hora de marcharse, la oscuridad era compinche, tanto como rival era la luz.
Todo había ido bien, las olas de la noche trajeron a la costa los restos de un naufragio sin supervivientes para una orgía sin testigos ni acusados.


jueves, 14 de junio de 2018

BOOM TURÍSTICO

Hablar de muertos vivientes es pura teoría, salvo que se
trate de la señora que pasea a su chucho plácidamente por el parque, y una pareja de turistas comienza a acariciarlo hasta que, por puro gozo, le surge una cagarruta cilíndrica y poderosa que se pone a rodar cuesta abajo, y la dueña detrás, y el galgo desbocado, y los turistas incrédulos, y la señora que tropieza… Y al rato, bolsita en mano y cubierta de excrementos, la señora remonta a duras penas la cuesta, donde su galgo la espera indiferente. Por supuesto, ni rastro de los turistas.

CYBERCAFÉ CALENTITO


Hablar de muertos vivientes es muy fácil para quien
nunca los ha visto cara a cara en una gélida noche invernal.
-¿Está caliente el café? -me pregunta uno de ellos mientras nos ocupamos de los ateridos indigentes que malviven entre cartones junto a la vistosa tienda de teléfonos.
-Sí, claro -respondo y le ofrezco un sorbo.
Su manera de sostener la taza me indica que, cuando abran la tienda y su sueldo mensual vaya a parar al último modelo de smartphone, olvidará que ese café era para los sin techo, los mismos que le han ofrecido también sus galletas.

jueves, 7 de junio de 2018

HOMBRES DE MAR


Los dejaremos entrar, les afeitaremos esas barbas tan
tupidas, y luego, cada una a un par de ellos y hasta la hora que sea, se los llevará al dormitorio donde probarán nuestra pócima. Cuando, cansados de tanto deleitarnos, se duerman, los devolveremos al barco donde despertarán sin recordar nada y zarparán, como siempre, sin rumbo.
Cuando llegue el momento, volveremos a parir hembras sanas y, como siempre, arrojaremos a los varones al mar.

jueves, 31 de mayo de 2018

LA PACIENCIA DEL MAESTRO


—Prefiero las ratas por repugnantes que parezcan esos
roedores –dijo el profesor.
—Pjefiejo las jatas poj jepuj, poj jepuj…, -y ahí se bloqueó.
El profesor, que comenzaba ya a extrañar su sucio empleo anterior, propuso hacer una pausa para relajar la laringe. Tras unos minutos de reflexión, solicitó un voluntario, y no tardó en presentarse otro valiente:
—Plefielo las latas pol lepugnantes que palezcan…
Desde el pasillo aún podía escuchar al alumno terminar la frase. Llamando al ascensor, lamentó que su único recuerdo del mundo de la enseñanza fuera verse los dedos manchados de tiza.

jueves, 17 de mayo de 2018

FETICHISMO CLÍNICO

Algo está sucediendo en el universo, pienso, si las
cosas salen de esta manera tan ordenada, positiva y apetecible, sobre todo en un hospital, donde las cosas tienden a agravarse con cada pregunta que hace uno:
—¿Dónde me siento?
—Aquí, por favor –dice una dulce voz de enfermera en prácticas.
Para estar en una consulta de oftalmología, mi vista estaba de lo más activa, mucho más que de costumbre en un présbita temprano como yo. La espera es, entonces, apacible, viendo el ir y venir de la joven, cuyos Crocs rozan el suelo y chirrían como si piasen a mi alrededor.
Cuando la segunda enfermera entra en la sala, esta vez con un caminar sereno de mujer madura, lejos de desperezarme de mis ensoñaciones, contemplo al dúo que, con gasa una y con gotas otra, viene hacia mí con intachable profesionalidad.
—¿Te atreves? –dice la veterana.
—Sí –responde diligente la novicia.
El ruido de sus zapatos se ha detenido y solamente se nos escucha respirar a los tres. Aprovecho para entornar la vista y para recrear la escena en mi cabeza. Qué lástima tener que abrir los ojos, pero así es la práctica clínica.
Entregado al buen hacer de las dos sanitarias, miro al techo, como me piden, y me dejo sostener y ladear la cabeza a su antojo.
—¡Ay! –se lamenta la joven.
—No pasa nada –dice la experta enfermera-, ábrele más el ojo y échale otra gotita.
Una lágrima corre por mi mejilla y llega hasta la boca, donde saboreo un gusto áspero a pócima de farmacia. Entretanto, esta vez con más pericia, la aprendiz consigue llegar a su objetivo y se le extiende una jovial sonrisa blanquirroja.
—Es que con esas pestañas tan grandes… -dice, se mordisquea el labio inferior y me guiña un ojo, o eso me gusta pensar.
Me lo tomo como un cumplido, le devuelvo una mueca de agrado y la sigo con la mirada hasta más allá de la puerta, donde ya no escucho más que el piar de sus zapatos de goma.
Frente a mí, la enfermera titular, con una mirada censora aunque indulgente, fija sus ojos en los míos, me valora fríamente y asiente. Luego levanta una mano y me ofrece una gasa limpia, diciéndome que, ahora sí, cierre los ojos y espere un instante.
El instante, pese al picor inicial de las gotas, se vuelve plácido, sosegado. Creo que ella también ha salido de la consulta, pues no escucho su respiración. Imagino, cándido y encendido, que están preparándome una imposible sorpresa…
Impaciente, abro los ojos, pero la luz me ciega, todo está muy borroso.

LOS LOCOS DE LA GUERRA

La muerte se ha olvidado de nosotros, como hace tiempo
La Colifata
también la vida. Tras el estruendo inicial, tras los tanques y los tiros, ahora todo es calma en el pasillo central y en los dormitorios. Los vigilantes y los sanitarios, que se lo olían, ya se marcharon antes sin dejarnos ni siquiera las pastillas, pero no importa, porque ahora, vivos o muertos, somos libres y vamos a salir del manicomio, vamos a asaltar lo poco que quede del pueblo, el bar sobre todo, vamos a poner música y vamos a bailar como locos, hasta morir.

lunes, 14 de mayo de 2018

LA TEORÍA DEL CAOS


Creo saber de fútbol más de lo que se piensa,
porque soy bastante observador, aunque ni con eso me alcanza para debatir con los parroquianos del bar de mi barrio, todos ellos apasionados a tal punto del equipo local, que en ocasiones me pregunto si no estarán perdiendo la perspectiva ciudadana en beneficio de su obediencia dialéctica, eso, dialéctica, porque deportiva no es.
—Como marque el penalti, me hago un tatuaje con su careto.
—Como la meta, estáis todos invitados.
—Como ganemos, me rapo al cero.
No hace falta saber mucho de fútbol, solamente ser muy observador, para darse cuenta de que un gol podría desencadenar una revolución social en el barrio, ya que favorecería el pequeño comercio de proximidad.
—Como subamos a primera, me caso con mi churri.
—Como fichen al astro argentino, al churumbel que viene lo llamo igual que él.
—Como juguemos la championlig, voy a por la parejita.
Creo saber lo bastante de estas cosas como para prever un éxodo masivo a otras zonas debido a la falta de guarderías. Por eso, como lo del consumo interno está asegurado ganen o pierdan, casi prefiero que no lo hagan.

jueves, 10 de mayo de 2018

LA DECEPCIÓN DEL HOMBRE GRIS


Cuando éramos jóvenes y decididos, hombres resueltos
y osados, buscábamos labrarnos un futuro sin apreturas ni incertidumbres, lleno de confort y de manjares, de aplausos y de homenajes, de lujuria. De hecho gozábamos de todo eso mientras amasábamos ganancias y diplomas a la espera de escaños o prebendas similares. ¡Y mucha lujuria!
Ahora, ya con todo ganado y con menos empuje, nomás nos tienta el vértigo de robar dos minucias en un comercio a espaldas de la cajera. ¡Qué frenesí! Y también el de espiar a la criada mientras se quita el delantal.

sábado, 5 de mayo de 2018

HOMBRECITOS


Cuando mamá ponía ese gesto, uno de esos gestos de
madre, era que pasaba algo en casa: el grifo se había roto y papá lo desarmaba sin éxito, la sopa se enfriaba y el peque estaba jugando en su cuarto, mis notas no eran buenas y yo seguía empeñado en empeorarlas,… En fin, su gesto nos avisaba de que ocurría algo que no le gustaba demasiado, aunque luego fuera ella la que secara la inundación y llamara al fontanero, recalentara los fideos y me tomara la lección hasta tarde o se levantara temprano para terminarme los deberes. Hace unos días un nuevo gesto se instaló en su cara, y no supimos ni interpretarlo ni hacer nada para ayudarla. El gesto que tiene ahora es muy extraño, parece compadecerse de nosotros con esa mirada plácida de siempre, pero nos aterra a los tres, aunque mis tías, que han venido al velatorio, se ocuparán de que no nos falte de nada. Eso dicen ellas.

jueves, 3 de mayo de 2018

A QUIEN CORRESPONDA

Deberías ver las rozaduras de mis talones, las marcas de
sudor de mis axilas, estas uñas de luto y mis ojos sin luz. ¡Y el hambre que tengo! Desde esta mañana no he tomado más que un sorbo de agua, y eso porque un visitante la olvidó en el stand de rarezas filatélicas. Y no hablemos de la lengua, reseca de tanto chupar sellos. No fue buena idea aceptar esta gira. Tal vez al principio sí, pero no veo a quién puede interesarle ya mi presencia en una feria tan caduca. Me siento como el último de mi especie, conmigo se extinguirá una especie rara, el tipo que aún escribía tarjetas postales.

ÚLTIMAS VOLUNTADES


Deberías ver las rozaduras de mis talones, los callos de
mis pies, esas durezas de tanto andar tras de ti por estas estepas sin esperanza alguna. Sí, deberías verlas ahora que las he limado con tanto esmero esta mañana. Las dejé amontonadas sobre tu mesilla para que las recojas, las metas en un cucurucho de papel y las eches al váter cuando me haya marchado para siempre. No sé adónde iré, quizás no muy lejos de aquí, pero es la única manera de que algo mío llegue hasta el mar.