sábado, 13 de octubre de 2012

Amanecerá



De camino a la consulta, el inseguro Swann trataba de calmar sus nervios dándose ánimos. “No tiene por qué ser importante”, se decía, y le vinieron a la mente, entonces, las historias que escuchó de niño. En especial recordó la que oyó de labios de su abuelo, un relato sobre la inquietud.
En el pueblo —comenzaba así la historia— muchos parecían temerosos de algo irreparable, y todo a causa de que un insensato había matado por error a la alondra. Confundiéndola con cualquier otro pájaro, el pobre animalillo, sus crías y el nido entero fueron acribillados, con lo que esto tenía de grave para el transcurso de las cosas. ¿Cómo se distinguiría ahora el día de la noche? ¿Cómo despertaría el cabrero para ordeñar a su Lucinda? ¿Qué haría el panadero para salir de la tahona? Incluso se puso en duda que amaneciera o que se pusiera el sol.
Al llegar el momento en que normalmente tendría que anochecer, efectivamente anocheció, y el relojero sentenció que también amanecería con o sin la alondra.
Ya en la consulta —muchos años después de eso—, el inseguro Swann trataba de calmar sus nervios. Pero el rostro del médico parecía ocultar algo.
—Podría ser, señor Swann, pero en este caso es mejor intervenir.