miércoles, 9 de octubre de 2013

Tipp-Ex 2




Las prisas se debían a que acababa de escuchar la llegada del cartero, y la agitación con la que bajó las escaleras habría de convertirse en vano esfuerzo. Lo suyo, pensaba, se había convertido en un error. Él le escribía cartas de amor con borrones y tachaduras porque, como no temía equivocarse, no reflexionaba y tenía que pringar los renglones con corrector. Desde niño, como sus padres le perdonaban todo, nunca pensaba antes de hacer las cosas. La única vez que acertó fue con ella, también por no reflexionar ni tener miedo a equivocarse, sin embargo todo en ella no le gustaba. Quiso cambiarla, pero esta vez no tenía Tippex a mano. Y así acabó todo, como una bola de papel en la basura.