sábado, 9 de febrero de 2013

Adagio



El leve crujir de la viga de la que cuelga su padre se ha convertido, con su vaivén regular, en una pauta monótona pero exacta, y lejos de derrotarlo y hundirlo en la congoja, le ha permitido ejecutar su réquiem sin el menor desvío. Al terminar el último compás, respira hondo, cierra la tapa del piano y se dispone a detener la oscilación del metrónomo. No oye aplausos, pero se los imagina.