viernes, 5 de abril de 2013

Freud y el pie de la letra



—Y tú, para de leerme la mente, maleducado —decía airado el paciente desde el diván—. Por mucho que seas mi psicoanalista, te pago para otra cosa: tienes que sacarme de este lío, pero recuerda que no te irás de rositas, pues eres tan cómplice como yo autor.
El terapeuta no salía de su asombro mientras su paciente le confesaba los hechos tan fríamente como lo amenazaba con desvelar que las consultas las cobraba en negro.
—Escuche, lo de matar al padre…
Pero él no era hombre de consejos ni de arrepentimientos.