viernes, 12 de abril de 2013

La sangre de Washington Jaramillo



« ¡Calla y arregla de una vez la cisterna del váter, que gotea, y no quiero pagarle mil pesos a un desconocido!» Quién sabe cómo, pero escuchando el monótono salpicar de su propia sangre en el fregadero, recordó aquellas palabras lejanas de su madre.

Esa norma de sigilo, pericia y economía que, desde joven, le impusieron en casa a Washington Jaramillo, no sería la que él mismo se impondría en su dudoso oficio. Ahora, desangrándose tras la barra del Pelícano, estaba haciendo la suma de desconocidas por las que pagó miles de pesos.