viernes, 3 de mayo de 2013

Ardor guerrero

Esa noche la tropa cenó compota por gentileza de la repostera capturada por error días antes, y como por hechizo, las luces de la ciudad sitiada parecieron iluminar una dulce velada. En las trincheras, dos soldados se mostraron las fotos de sus hijos con untuoso orgullo; en el cuerpo de guardia, sin acidez, dos generales se contaron historias de las guerras de antaño; tras la tapia del polvorín, admirando las lejanas luces de los helicópteros, un capitán y un cabo olvidaron jerarquías y rencores, y se besaron con dulzura.