viernes, 17 de mayo de 2013

Rosito el galgo



El plácido Rosito

Algo lo sacó de su temerosa indolencia cuando aquellos hombres con bata y guantes se le acercaron con la jeringuilla letal después del fracaso en la carrera; algo le decía que aquello acabaría con su vida tras tantos años de victorias y trofeos.


Resuelto como era, Rosito se zafó de sus correas y escapó de la muerte, como aquella noche de relámpagos en que todo se torció y, huérfano, vino al mundo tras ver morir a su madre, la Rosi, y a toda la camada.

¡Guau!

Desde la puerta de la consulta, ladró, sacó los dientes, desgarró los cojines y, tras crear su habitual alboroto, se puso a correr hacia ninguna parte con una energía inagotable.
Así fue como aquel escuálido y deslenguado galgo volvió a dar esquinazo a su destino.