martes, 23 de julio de 2013

Emanciparse


Rubor y desconsuelo se ocultaban bajo el casco, y el piloto ignoraba por qué estaban jaleándolo como a un campeón, pese a su fabulosa motocicleta, regalo de su madre por haber acabado los estudios tras once años en la facultad. Aturdido, apenas consiguió esquivar a los admiradores que, en torno a mamá, aplaudían. Sin quitarse el casco y en actitud muy profesional, buscó una puerta, tecleó un código, y esperó, mientras el coro aclamaba su nombre. De entre ellos surgió la madre, que le pedía un beso.

—Abra cuanto antes, por favor. Siento el retraso. Traigo la “cuatro estaciones”.