miércoles, 17 de julio de 2013

Favor por favor

El golpe no fue violento, porque aquel viejo coche, más que correr, vagaba, pero tanto el radiador como la difunta corza entregaron el alma en medio de una dehesa inabarcable. Sin posibilidad de recibir ayuda, su única esperanza era esperar a que alguien pasara por ese paraje alejado de las rutas habituales. De pronto, mientras veía una luz acercarse, comenzó a recordar historias de miedo que comenzaban así. Del vehículo que se acercó al lugar del accidente bajó un tipo singular que no inspiraba confianza, y él se mantuvo tenso mientras el conductor, andrajoso, armado y visiblemente ebrio, se ofrecía a ayudarlo si a cambio le dejaba disponer del animal.

Ambos cenarían caliente aquella noche.