viernes, 27 de septiembre de 2013

Estrellita II

Estrellita tenía temperamento, sin duda, pero su gracia para escribir historias la hacía apacible. Medía apenas unos pocos centímetros, y su cabeza casi no lograba resaltar por encima de los mostradores. También le colgaban las piernas en las sillas, y por todo eso era reivindicativa y puntillosa. Si era quisquillosa en el trato, no lo era menos, como escritora, con el idioma, sobre todo con las tildes y los signos de puntuación, minúsculas piezas que nadie apreciaba demasiado, y no dejaba escapar la ocasión de defender a aquellos componentes de la lengua que, como ella, no sobresalían por el tamaño.

Cuando le dieron el premio Nobel, Estrellita nos deslumbró. Todo era sorprendente en Estrellita, hasta el hecho de que ni siquiera se llamara así, sino Severina Couto. Lo de Estrellita venía porque parecía una enana blanca.