lunes, 28 de octubre de 2013

Cocina de autor

La madre no soportaba ver a sus hijos padeciendo el raro apetito del miserable, pero los hacía esperar con el pretexto de que aún quemaba la sopa de recortes de papel pintado, y entonces ella se iba a otra sala a salsear con lágrimas unas puntas de alfombra para la cena. Ya no quedaba muro, suelo o techo revestido para cubrirlos por la noche. Pero a sus niños nunca les faltaría un pedazo de yeso como postre.