viernes, 25 de octubre de 2013

El ladrón de la estación



Al acecho de jóvenes turistas pelirrojas, Chipantasig sustrae el equipaje de una frágil extranjera que, aún bajo los efectos del incómodo viaje, espera a que los demás pasajeros recuperen su maleta. De camino a su cuarto, el incauto pervertido no deja de pensar en la atractiva viajera y en su ropa interior, una fina lencería que pronto estará acariciando con fruición al abrigo de la noche. Sobre la cama, Chipantasig está ahora pálido. Los encajes que puede ver en un lateral no lo excitan tanto como el revólver y las dos bolsas transparentes que contienen un molesto polvo blanco.