viernes, 18 de octubre de 2013

Rencor.2



Olvidadizo, siempre recurro a trucos extravagantes. Seis letras de papel descansaban ante mis ojos sobre el despacho como un rompecabezas sin hacer: así pretendía recordar la sencilla clave que me confió el maestro, un código que me unía a él tras la inesperada revelación, y ahora nos convertiría en enemigos. Notaba un baile de letras y no acertaba a recomponer la palabreja, y además el maestro estaba al llegar. No, no, estaba entrando…

—¿Qué, haciendo espiritismo? —preguntó con sorna el maestro, que adivinó mi angustia.

Pero de pronto:

—Ya está, «rencor». Introduzco la clave y... ¡Datos erróneos!

—¿Qué, no recuerda la clave? «Corren», la cambiamos ayer. Era como «actores/atroces», «cerdos/cedros».

—«Corren» —repetí aliviado.

—Estos becarios —suspiró sin rencor.