martes, 5 de noviembre de 2013

Dignidad y civismo




Mientras su padre cerraba la tapa del contenedor de envases, ella hacía lo mismo en el de restos orgánicos, y mamá en el de papel y cartón. Y como siempre, desde los balcones, eran observados por la escrupulosa mirada del vecindario. Una vez más, los tres comprendieron que, con ese acto, sellaban un pacto tácito de dignidad y de civismo. Una cosa era no tener más remedio que aceptar limosnas, y otra muy distinta ser un mal ciudadano.