martes, 26 de noviembre de 2013

El sonámbulo Washington Jaramillo



Se durmió soñando que él también podía volar los cimientos de ese lóbrego cabaret en el que, sin embargo, descansaban su prestigio y sus recuerdos, y que veía terminar sus días de gloria con el más ingrato de los baldones. Las órdenes del consistorio eran claras y de obligado cumplimiento, de modo que apremiaba adelantarse a un final ignominioso para El Pelícano.

Al despertar, el murmullo de la calle no lo sorprendió tanto como el haberse levantado vestido y oliendo a bencina.