sábado, 16 de noviembre de 2013

Una victoria, en cierto modo



El griterío, que unos segundos antes lo ensordecía, ahora no es más que su propio jadeo junto a un lejano rumor del gentío que, en una calle cercana, aplaude al ganador. Una vez más se dejó cegar por la gloria de saberse el primero, y cerrando los ojos, tomó por la calle que no era.

Al menos, confundido en el grupo de los segundones, escuchó voces de ánimo, y eso lo reconfortó, hasta el año siguiente.