jueves, 12 de diciembre de 2013

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Su conciencia no podría soportarlo, de modo que, aunque avergonzado, convocó a la prensa para declararse culpable de haberlo torturado durante años. Tras la confesión, y seguro de que el preso lo habría perdonado, no se sintió mejor, pero ya pudo esperar la muerte sin desazón.