sábado, 21 de diciembre de 2013

Empatía



A través de la mirilla, el francotirador disfrutaba con la macabra sesión de fotos que estaba imaginando. Su víctima tenía en los ojos esa mirada ufana del que ignora lo que se le podría venir encima, y saludaba a todos sus admiradores, les estrechaba la mano, les reía las gracias, acariciaba las cabecitas de sus hijos.
De repente, cansado de todo aquello, despegó el dedo del gatillo, desmontó el fusil, y se marchó a su casa, donde le esperaba una escena muy distinta.