sábado, 7 de diciembre de 2013

La conversión de Washington Jaramillo





Nunca había despertado en una sala de reanimación, pero tampoco antes le habían extraído tanto plomo del cuerpo. Cuando la enfermera se acercó al convaleciente, este pensó estar muerto: el purgatorio era una sala demasiado blanca, los vapores de santidad eran los del iodo, y la purísima era aquella atractiva sanitaria que, sonda en mano, venía hacia él. Así fue como Jaramillo comenzó a dudar de la fe que le habían impuesto.