viernes, 19 de abril de 2013

Un cabo suelto

Disfrazado de vendedora de manzanas llegó hasta la altura del soberano, que cortaba la cinta rodeado de autoridades y guardias. Con ese disfraz que animaba a la chiquillería a intentar robarle la mercancía pudo llegar hasta su víctima, y habría podido acabar con él allí mismo de una cuchillada sangrienta, pero se limitó a lo acordado con su compinche, de modo que estrechó la mano del cacique fingiendo reverencia y fue a ofrecerle una de las manzanas envenenadas.
De pronto, viendo cómo a su alrededor se desplomaban unos niños, comprendió que habría sido mejor apuñalarlo.

viernes, 12 de abril de 2013

La sangre de Washington Jaramillo



« ¡Calla y arregla de una vez la cisterna del váter, que gotea, y no quiero pagarle mil pesos a un desconocido!» Quién sabe cómo, pero escuchando el monótono salpicar de su propia sangre en el fregadero, recordó aquellas palabras lejanas de su madre.

Esa norma de sigilo, pericia y economía que, desde joven, le impusieron en casa a Washington Jaramillo, no sería la que él mismo se impondría en su dudoso oficio. Ahora, desangrándose tras la barra del Pelícano, estaba haciendo la suma de desconocidas por las que pagó miles de pesos.

viernes, 5 de abril de 2013

Freud y el pie de la letra



—Y tú, para de leerme la mente, maleducado —decía airado el paciente desde el diván—. Por mucho que seas mi psicoanalista, te pago para otra cosa: tienes que sacarme de este lío, pero recuerda que no te irás de rositas, pues eres tan cómplice como yo autor.
El terapeuta no salía de su asombro mientras su paciente le confesaba los hechos tan fríamente como lo amenazaba con desvelar que las consultas las cobraba en negro.
—Escuche, lo de matar al padre…
Pero él no era hombre de consejos ni de arrepentimientos.