sábado, 29 de junio de 2013

Réquiem

Desde niño siempre vi cómo mi madre fingía llorar con desconsuelo cuando el autobús se alejaba cada mañana por la carretera en dirección al colegio. Nunca comprendí aquella puesta en escena que tanta vergüenza me daba y de la que se burlaban mis compañeros de clase. Y del mismo modo que lloraba al irme, también daba incomprensibles signos de alegría cuando, por la tarde, llegaba de regreso en la misma camioneta y por el mismo camino, ante la burla de mis camaradas.

Nunca supe el motivo de aquello siendo niño, pero de mayor, cuando dejé el pueblo para irme a la capital, y dejé la capital más tarde para irme a otra mayor y más lejana, descubrí que mi madre ensayaba para cuando me marchara de su lado. Me gusta pensar que ella nunca dudó de mi talento y que sabía que tendría que triunfar lejos de esta tierra estéril. Tal vez acertó, aunque a medias, porque este talento en realidad me condujo al exilio y a la persecución. Ya he olvidado a quienes me expulsaron de mi tierra, quién sabe si me hicieron un favor.

Hoy regreso a casa de mi madre tras tantos años de destierro. Sin embargo, aunque yo regrese, ella ya se ha ido, y yo no tuve tiempo de ensayar ni una palabra de despedida, ni un gesto de orfandad.

viernes, 28 de junio de 2013

El espacio-tiempo y Washington Jaramillo

Al despertar en aquella habitación, desnudo y lastimado, Washington Jaramillo comprobó primero que su hombría estaba intacta, al igual que su billetera, su revólver y su sombrero. Solo entonces trató de recordar cómo acabó allí, quién lo llevó hasta ese cuarto y desde dónde tuvieron que arrastrarlo. Nada en su memoria podía aclararle la menor de sus dudas, de modo que salió a la calle y comprobó en el periódico que, al menos, no habían pasado días o semanas, y eso lo tranquilizó. Más relajado, sintió hambre, y se acercó a una taberna de la que salía un tentador aroma de café.
Acodado en la barra, sorbió el primer trago frente al espejo, y entre las botellas de la repisa pudo ver una muy estilizada y elegante. Era absenta. De pronto algunas piezas de su cabeza temblaron hasta ocupar su sitio. Y entonces recordó.

miércoles, 26 de junio de 2013

La honradez de Washington Jaramillo



Somos dos tíos fuertes, ¿a que sí? —le dijo al alcalde Washington Jaramillo—. Entonces hagamos las cosas como corresponde: usted me va a dejar aquí con esa botella y el revólver. A esa niña la lleva con su madre, y luego haga usted lo que quiera. Coja mi billetera, tal vez yo ya no necesite mucho. Ah, y antes de irse, míreme a los ojos y reconozca que esta me la debe. No sé qué será de mí, pero si se hunde el mundo, no quiero que sea por mi culpa.

domingo, 23 de junio de 2013

La esposa del fugitivo




En la casa de las afueras del pueblo vivía una mujer con su hijo. Nadie sabía nada de ellos, seguramente porque nadie se había acercado a preguntar. Eso sí, en el pueblo se decía que vivían solos desde que el marido se echó al monte o lo encarcelaron por cosas de las que allí no se hablaba. Todo el mundo se apresuró a decir que, por las noches, a la luz de una lámpara recóndita, ella entablaba conversación con su marido preso o fugitivo.
Un día, de regreso de la escuela, el niño hablaba con un compañero de clase:
—Mi papá es panadero y trabaja por la noche.

martes, 18 de junio de 2013

Noche tormentosa



Desde entonces papá ya nunca juega con él. Desde que marchó Amín, el nieto ve que toda su atención es para el cartero o el vecino, que también vio a su hijo marchar sin equipaje, dejando a sus familias y entregando a sus hijos a los abuelos mientras estos se hacían grandes y ellos ricos.

Anoche, tras acunarlo, papá miró al cielo tormentoso que anunciaba por fin lluvia.

Al otro lado del mar, los refugiados confundieron las linternas de los guardias con relámpagos y respiraron aliviados.

—Esta noche dormiremos bien —dijo papá desde la otra orilla.