domingo, 30 de marzo de 2014

Washington Jaramillo y las terapias no invasivas

Al igual que hiciera en la primera sesión, Jaramillo se dirigió a su fisioterapeuta sin soltar el revólver.
—De esto no dirás una palabra…
El quiropráctico, seguro entonces de que una bala podría llevar su nombre, ya debió esmerarse en aplacar los dolores lumbares del cantante, y ahora, con el paciente ya restablecido, también se veía bajo la misma amenaza si desvelaba la más mínima noticia de que Washington Jaramillo acudía a sesiones de pilates.
—Descuide —dijo mientras lo veía recoger la toalla y el pantalón deportivo.
Esa misma tarde, cuando lo vieron entrar en el local, renqueando aunque seguro, los parroquianos de El Pelícano respiraron aliviados al comprobar que los últimos rumores eran meros cuchicheos infundados. Jaramillo había vuelto por su propio pie y se disponía a dar un recital, como si nada hubiera sucedido en las últimas semanas.