sábado, 10 de mayo de 2014

El fantástico realismo de Washington Jaramillo (Mención en ENTC abril 2014)

Las exequias iban a comenzar y aún no había encontrado Jaramillo su sombrero de honrar. Desquiciado por el contratiempo, el cantante rebuscaba por toda la casa sin mucho acierto. De pronto abrió la puerta de una sala imponente. Aquellos poblados anaqueles llamaron su atención, poco acostumbrado a ver tanto libro junto, pero más sorprendente le pareció que a bastantes volúmenes de esa solemne estantería les faltara alguna hoja.
Sofocado por la búsqueda vana, pasó a un estrecho retrete donde quiso aliviarse del nerviosismo previo al concierto, y allí encontró, pinchadas en un gancho, centenas de páginas impresas, arrancadas sin piedad de libros cuyos autores eran bien célebres. No encontrando otra manera de asear sus sentaderas, Jaramillo intuyó lo que el difunto hacía con esas hojas, y eligió una cualquiera, una interminable descripción que, tras ser leída sin interés, fue más útil en otros menesteres lejos de los ojos. Mientras mancillaba aquellos párrafos, sonrió pensando en el difunto.
Tolerante por naturaleza con las extravagancias ajenas, siguió buscando su sombrero, que descansaba sobre un sillón junto a una ventana. Ya podía comenzar el recital póstumo para su admirado Gabo.

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