lunes, 3 de noviembre de 2014

Adolescente

El muñeco fue el primero en cerrar los ojos, espantado por la inconcebible escena. Más tarde, los póster de la pared, ruborizado, entornó la vista y disimuló su desconcierto, y por fin el tren eléctrico apagó sus luces y dejó que los jadeos ensordecieran el alegre silbido que solía anunciar su paso por la estación central.
A partir de ahora, otros juguetes y otras imágenes acompañarían la soledad del muchacho.