jueves, 30 de enero de 2014

La culpa y el legado



Antes de marcharse para siempre, mi padre me llamó a solas y, con rostro serio, me dio como sola herencia una piedra, diciéndome al oído: “No la pierdas, así recordarás que aún tienes sobre ti una carga que te pesa y te frena”.

Me volvió la espalda y no tuve tiempo de preguntarle qué debía hacer con ella cuando ese peso desapareciera de mis hombros.



Gracias a Rafa Molina, que me contó algo así.

sábado, 25 de enero de 2014

Serás para casi siempre

Díselo sin rodeos, dile que lo vuestro acabó, que ya no era lo mismo desde hacía tiempo. No tardes mucho, amor, que quiero tenerte conmigo hasta que, como ahora a ella, a mí también me abandones.

jueves, 23 de enero de 2014

El amor de Washington Jaramillo por el planeta en el que viviría hasta la muerte


Vaciar las papeleras no es la tarea con la que sueñan los niños, pero alguien tenía que ocuparse, y fue entonces cuando Jaramillo quiso ahorrarle al mundo otra cicatriz. Mientras ordenaba los papeles tirados, observó que todos estaban más arrugados que de costumbre, lo que, además de darle más trabajo que habitualmente, le hizo pensar que había sido una jornada de enormes decepciones, y se dijo que la frustración era mayor cuanta más esperanza se había depositado en esos boletos sin premio.
Aunque eso le llevara unas horas robadas a su descanso, decidió alisar uno a uno los décimos, de modo que así ocuparan menos espacio. Sin saberlo, a cada pasada de su mano por el papel, el planeta le agradecía esas inesperadas caricias.

Uno de los 15 relatos seleccionados en el I Certamen de Microrrelatos CFE

domingo, 19 de enero de 2014

Una tumba en la cima del mundo



Tras el desorden que siguió al alud, en el campamento se preparaban para el rescate. La radio anunciaba, una a una, buenas noticias, pero no tardaría en helarse el optimismo cuando, tras varios intentos, uno no respondía a los avisos.

Pocos querían formar parte del grupo de salvamento, no por desgana sino porque las esperanzas eran tan escasas como altos eran los riesgos. El rastro del escalador se habría borrado bajo la nieve y, de estar aún consciente, cualquier error arriesgaría más vidas.

Contra la opinión de los más veteranos, unos cuantos decidieron aventurarse en un terreno inseguro que los llevó quién sabe cómo hasta una cresta desde la que se divisaba una figura de vivos colores encaramada a un saliente cercano a la cima de aquel mítico ochomil. El grito de ánimo de sus compañeros hizo que agitara la banderola aún sin clavar, tal vez queriendo decir que estaba bien, o tal vez aconsejándoles dar media vuelta ante lo irremediable.

La noche iba cayendo al mismo ritmo que el desánimo. Ya no se movía, ni ellos le lanzaban voces de apoyo.

Se estaba yendo.

Se fue.

Se fueron.

sábado, 18 de enero de 2014

Las rebajas



Madrugué aquel día, cosa rara en mí, para adelantarme a todos y entrar el primero en la sección de caballeros, donde se anunciaba un abrigo de ante a un cuarto de su precio. Tras luchar con los codos, espantar a dentelladas y pisotear sin cuidado, llegué, lo vi y lo hice mío. Necesitaba solo un espejo para admirar mi triunfo.

sábado, 11 de enero de 2014

Deber de sigilo



Naricilla respingona y un cuerpazo de escándalo no parecían argumentos suficientes para el animoso agente de aduanas que, conociendo el riesgo de interpelar a la amante del diputado, no dudó en darle el alto y en registrar su bolso. Aspirando más de cerca el aroma que manaba del pecho de aquella mujer, el funcionario se dio por satisfecho y la dejó marchar, excusándose con una gentileza a la que ella respondió con un ademán confuso que lo embriagó.

El perro también pareció alterado por lo que olió dentro del bolso.

sábado, 4 de enero de 2014

Última lección




Apenas prestaba atención a su alrededor, limitándose a extender la mano y a agradecer la caridad de quien le dejara una moneda. En medio de la indiferencia de los transeúntes, se le acercó un viejecito y le ofreció un desayuno caliente en el bar de la esquina, y aceptó.

Cuando entró en calor, sus ojos parecieron reconocer a ese bienhechor, y entonces se ruborizó.
—¡Profe! —exclamó—.
El viejo detestaba que lo llamaran así, pero él tampoco recordaba el nombre de su antiguo alumno.

jueves, 2 de enero de 2014

Sueños rotos



La mujer que iba en el coche a mi lado derecho ya no era nadie para mí, y lo había sido todo hasta unas horas antes. Al recogerla en la esquina de siempre, aquella noche me había confesado su decisión de abandonarme para comenzar una nueva vida.
Ahora me arrepiento de haber truncado sus sueños de ese modo tan brusco, y cuando paso con el coche cerca de donde escondí sus restos, a veces lloro desconsoladamente.