lunes, 22 de septiembre de 2014

Gran reserva (REC septiembre 2014)

—Deberías airearte un poco, que hueles a cerrado —protestó ella—, y al final me van a echar la culpa a mí. Claro, como tú eres un viejo aristócrata y a mí me pueden cambiar por otra, a ti qué más te da.
—Calla —intervino el prestigioso anciano—, nadie se meterá contigo. Con tratarme bien y no marearme mucho, lo tuyo es muy fácil, chiquilla.

Al final, como siempre, al corcho le cargaron todas las culpas.

lunes, 15 de septiembre de 2014

El arte por el arte



Como un bigote a lo antiguo, debajo de la nariz y hasta las orejas, surcaba la raya de rotulador que la hija del galerista acababa de trazar sobre aquella señora retratada desnuda. Al adusto caballero del cuadro le dibujó tetas.

domingo, 7 de septiembre de 2014

Esa voz interior (REC septiembre 2014)

Ella no tiene habilidad ninguna para recogerse el pelo, como hace con esmero su hermana la pequeña, ni para otras menudencias que otras dominan y muchos admiran, pero aun así siembra la admiración a cada paso, porque es extremadamente temible, inmensamente rica, tremendamente poderosa y, también por eso, atormentadamente infeliz, no como su hermana menor.
Y no se siente así de desdichada por su desaliño incorregible o por el miedo que transmite a su alrededor, sino porque le falta algo primordial e inalcanzable, y, si fuera posible, cambiaría todo aquello que posee por saber cantar.

viernes, 5 de septiembre de 2014

La paz (Radio Castellón septiembre 2014)

En las trincheras se adivinó que el enemigo sería derrotado, y así, dos soldados se mostraron las fotos de sus hijos con untuoso orgullo; en el cuerpo de guardia, dos generales se contaron historias de las guerras de antaño. Tras la tapia del polvorín, admirando las lejanas luces de los helicópteros, un capitán y un cabo olvidaron jerarquías y rencores, y se besaron con dulzura, derrotando al último enemigo que quedaba en el ejército.

lunes, 1 de septiembre de 2014

Sánchez (ENTC septiembre 2014)

Al principio no había nada. Cuando los primeros Sánchez llegaron animosos hasta allí, lo que hallaron no fue sino barro y alimañas, pero con esfuerzo lograron arrancarles a los campos modestos frutos que luego fueron pródigos y sustanciosos. Después manó el agua, nacieron niños, se allanaron los caminos y las plazas. Esa prosperidad bien merecida atrajo a otros de fuera que comieron de la abundancia de los generosos Sánchez, bebieron de sus manantiales, bailaron en sus fiestas y criaron una descendencia acomodada y pedigüeña.
Entonces, los recelosos Sánchez, acudiendo a su pasado, decidieron exterminar a los forasteros y a su descendencia, y los caminos, las plazas y las casas se poblaron de odio, y los campos se encharcaron con una sangre impura ajena a la de los engreídos Sánchez.
La primera cosecha tras la guerra dio frutos jugosos, pero Sánchez VIII previó el final de su viciada estirpe y, con las manos vacías, decidió abandonar su tierra maldita, su casa manchada, su herencia infesta.

Lejos de allí tendría que mostrarse humilde y refrescar un marchito linaje de odio condenado al olvido y ser como al principio, nada.