sábado, 3 de octubre de 2015

SIT TIBI TERRA LEVIS (ENTC, octubre 2015)

Cansado, tras su ficticia muerte, de haber vivido durante casi cuarenta años en una constante leyenda, y harto sobre todo de alimentarla con algunas apariciones por aquí y por allá, que la imaginación popular no dejó de ensanchar y difundir, el mítico cantante decidió confesar su fatiga y terminar para siempre con su quimérica existencia.
—Ha estado bien eso de variar las letras del epitafio, ¿verdad?
—Me sorprendes. Jamás habría pensado que un gitano supiera latín.
Apenas terminó la frase, un golpe seco en la nuca acabó con sus días de gloria y misterio. El resto fue una labor sencilla de avisos a los herederos y a la prensa, y todo el mundo se reunió en torno a un sepelio que ya se había producido casi cuatro décadas antes, pero esta vez sería de veras. Sobre la tumba del gran cantante se leía la habitual frase latina que cerraba para siempre el episodio de las apariciones.
Y del mismo modo, como una inscripción funeraria, la prensa recogió el evento con un titular que coronaba a otro artista como el relevo del difunto: “Camarón está vivo. Lo vieron en el entierro del rey del rock.”