viernes, 24 de abril de 2015

PAPANUEL, EL SOÑADOR

Aquella no era la vida que me habían prometido, y menos la que les había anunciado a los míos antes de marcharme, y ni mucho menos la vida soñada del que tiene que echarse un saco al hombro sin saber dónde recalaría su caminar; pero era mi vida, aquella con la que tenía que batirme día a día hasta que llegara la noche, en que podría figurarme otra mejor, más volátil, aunque menos amarga. Era una suerte poder programarme los sueños a capricho, y por eso no me importaba padecer de día, porque la noche me curaría los sinsabores diurnos.
Esperé hasta dormirme y soñé con otra Navidad menos gélida, menos húmeda, menos solitaria, y entonces me vi a mí mismo en la fila del “papanuel” de los almacenes, junto a otros muchos como yo, con modestos sueños, como yo. Al cabo de un rato, cuando mi turno iba a llegar, una necesidad de ir al servicio me agitó y… Y al despertar, de camino al retrete, tropecé con el traje de “papanuel” de los almacenes que, gélido y húmedo aún, reposaba, como yo, arrugado sobre una silla.

sábado, 11 de abril de 2015

BONJOUR, MON GÉNÉRAL

Ya no escucha el general más que la desbandada de sus tropas; no ve más que el pillaje de los pueblos que dejan atrás; no huele sino la pólvora mojada de su exánime artillería; se palpa la casaca impoluta y nota que ni siquiera está manchada de sangre. Su boca le trae el amargo despertar de un sueño desmoronado.
Bonjour, mon général —le dice una voz desconocida con acento extranjero, y es entonces cuando piensa que no habría debido dejarse llamar majesté.
Su convicción le impide aceptar que aquella alianza vencedora vaya a traerle al continente nada mejor que su imperio, pero su razón lo lleva a reconocer la derrota en buena lid.
—¿Cree que ha sido por una causa justa —acaba dirigiéndose a su carcelero— o me equivoqué pensando que la razón estaba de mi lado? ¿Acaso los que vengan van a ser mejores que yo?
No recibe respuesta alguna y, como sus callados cañones, se repliega y se deja arrastrar al exilio.

ENTC, 2º trimestre 2015

viernes, 10 de abril de 2015

El talento



Mientras bajaba las escaleras del estrado, Cindy, como se hacía llamar, recordó aquella tarde remota en que su abuela la avisó de los riesgos que corría su vida si seguía por aquella senda de despreocupación. Lo último, cambiarse el nombre, no había sido sino una guinda en el pastel de desgracias que fue la vida de esta mediocre licenciada, que vio más luz en el mundo de las pasarelas que en la empresa de exportación de vinos espumosos en la que llegó a trabajar de comercial. Al llegar al final de la escalinata hecha de tubos metálicos, miró a su compañera, algo más joven y menos decepcionada, y se vio unos años antes, igual de regada con cava, igual de despeinada, igual de ignorada y, sorprendentemente, igual de ajena a tanta calamidad.