domingo, 27 de septiembre de 2015

LA RUPTURE DE HUMBERT HUMBERT

Ajustant sa cravate face au miroir, ce premier petit matin de septembre était pour lui pénible. Les vêtements légers des dernières semaines lui manquaient. Il avait la nostalgie de l'image de ce corps qui n'avait pas l'habitude de se lever tôt et qui se reposait, paresseux et sensuel, sur une mer de draps chaotiques.
Son idylle estival était terminé, mais ses souvenirs le laissaient un peu confus. Il savait que tant de caresses avaient eu un prix malgré un incroyable déploiement de câlineries; même la scène de pleurs de l'aéroport avait une certaine apparence. Essayant d'oublier le déconcertant souvenir, il se dit que, avec ou sans amour, au moins son argent servait pour le bien-être de toute une famille, qui ne manquerait de rien durant les prochains mois. Ceci lui donnait un motif de ne pas se sentir coupable.
Savoir qu'il devrait renouer une autre relation l'été prochain l'accablait, puisque après trois étés de suite avec la même partenaire, les treize ans étaient un peu excessifs.
En chemin pour le lycée où il travaillait, il lut une nouvelle qui lui fit penser à la rigidité du code pénal.

Gracias a Marie-Josèphe Pastré por la traducción de mi relato "La ruptura de Humbert Humbert"

viernes, 18 de septiembre de 2015

ALIANZAS

“¡Cuánta fuerza y qué poca puntería!”, se lamentaba el médico tras haber sido eliminado del torneo de dardos. Sin embargo, los adversarios, lejos de burlarnos de su torpeza, le mostrábamos una temerosa admiración, pues nunca está de más tener de nuestro lado a un urólogo con unos dedos tan gruesos.

viernes, 11 de septiembre de 2015

ESCUELA DE ESCRITORES

—El bate, «¡Eso, bate!», se le resbalaba de las manos pringosas, «¡No, pringosas no!, mejor ensangrentadas, que es más visual para terminar un capítulo, ¿de acuerdo?»
         La mirada del autor acabó perdiéndose en alguna parte del despacho de su editor, que seguía haciendo de su obra un futuro superventas. Entonces, regresando de su momentánea abstracción, agarró firmemente un paraguas con sus manos, se lo clavó al editor en el cuello y, aceptando que nunca vería su novela en los estantes, dio por concluido el capítulo tal y como lo había escrito.

viernes, 4 de septiembre de 2015

MENS SANA

Al abrir el contenedor, se dio cuenta de que estaba empezando a olvidar el nombre de las cosas e incluso su uso habitual, y así, vestida de todos los colores y con insólitas prendas, se adentró en las calles, bailó, atrajo las sonrisas de los niños y ahuyentó el recelo de los paseantes. Y siguió bailando.
Cuando despertó, no reconoció a nadie, ni acertó a adivinar por qué estaba rodeada de chismes cuyo nombre ignoraba.
—Buenos días –dijo, haciéndole una reverencia a un gotero mientras agitaba un pañal a modo de abanico.