miércoles, 28 de octubre de 2015

¿LO VES? YA NO LO VES

Tras tantos años arrancándole el mineral a la tierra, se vino al mar a dejar que pasara el tiempo y a aspirar aquel codiciado aroma que venía de tan lejos. Por trabajar a oscuras desde joven, se quedó ciego, pero el nieto le explicaba al abuelo lo que no podía ver, y el viejo se encargaba de describirle al niño por qué aún sus manos olían a carbón.
— ¡Huele! ¿Lo ves? Cuando uno es de la tierra, no puede oler a mar.
Pero el niño no comprendía aquello, ni tampoco por qué el viejo aún sonreía pese a no poder ver algo tan hermoso.

Enlace al concurso "Carboneras Literaria"

sábado, 17 de octubre de 2015

EL MAESTRO ARMERO (REC, octubre 2015)


Un señor con levita que se parece a Pushkin, y quizás sea él, mira al horizonte y me tiene en vilo. Exánime, como en un cuadro, tarda en caer al suelo mientras me mira y, sin rabia, me hace un gesto de que lo ha adivinado todo, aunque tarde para él. Incluso sabe que a mí también me han tendido una trampa, y con un gesto desfallecido que apenas le alcanza, trata de prevenirme de la llegada de mis verdugos, que me arrancarán la vida con la misma arma que truqué para el duelo.

lunes, 12 de octubre de 2015

LA ODALISCA

Y cómo es que nunca cambiaron el bombín, eso quedaría en la leyenda de la casa. Buenos beneficios sacaba la madame de aquella empleada que dejaba de par en par las puertas para quienes quisieran entrar allá y desfondarse con ella o mirar desde el pasillo a dos céntimos la ojeada. Para eso mejor poner cortinas.
Pero aquel día no estaba de dios, y allá perecieron, desnudos y en posición deshonrosa, dos agentes inmobiliarios y tres aparejadores, todos a una incapaces dar cuenta de aquella odalisca.
Y ahí está, desmantelada la casa y perdiendo valor de mercado.

sábado, 3 de octubre de 2015

SIT TIBI TERRA LEVIS (ENTC, octubre 2015)

Cansado, tras su ficticia muerte, de haber vivido durante casi cuarenta años en una constante leyenda, y harto sobre todo de alimentarla con algunas apariciones por aquí y por allá, que la imaginación popular no dejó de ensanchar y difundir, el mítico cantante decidió confesar su fatiga y terminar para siempre con su quimérica existencia.
—Ha estado bien eso de variar las letras del epitafio, ¿verdad?
—Me sorprendes. Jamás habría pensado que un gitano supiera latín.
Apenas terminó la frase, un golpe seco en la nuca acabó con sus días de gloria y misterio. El resto fue una labor sencilla de avisos a los herederos y a la prensa, y todo el mundo se reunió en torno a un sepelio que ya se había producido casi cuatro décadas antes, pero esta vez sería de veras. Sobre la tumba del gran cantante se leía la habitual frase latina que cerraba para siempre el episodio de las apariciones.
Y del mismo modo, como una inscripción funeraria, la prensa recogió el evento con un titular que coronaba a otro artista como el relevo del difunto: “Camarón está vivo. Lo vieron en el entierro del rey del rock.”