jueves, 4 de febrero de 2016

EL PARTE

En casa se cenaba siempre a las nueve, siempre sin
hablar y siempre escuchando el parte radiado lo bastante alto como para que se oyera en el vecindario. Papá ni masticaba mientras aquella voz decía cosas extrañas acerca de una gran victoria sobre una banda de desleales. Cuando mi padre apagaba el transistor, entonces volvía un leve murmullo al comedor, acompañado del tintineo de los cubiertos sobre el plato, y entonces también veíamos a mis padres mirarse de reojo como diciéndose que habría que seguir esperando, y esperando, y esperando... Y tanto esperaron, que nunca les llegó el día.
Hoy los he recordado cuando, sentado a la mesa, he escuchado las palabras que tal vez ellos esperaron tanto tiempo: “Españoles,…”

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