lunes, 15 de febrero de 2016

LA MUERTE

Era de los pocos detectives honrados que quedaban en la ciudad, un tipo de los de antes, reservado, bebedor y enérgico. Pactaba con enemigos y enfrentaba a aliados para mantenerse siempre en la cima. Sus confidentes habrían trabajado para él incluso sin cobrar, tal era su prestigio. Sus amantes lo llorarán a partir de ahora como un cortejo de viudas. Nunca confió en la inocencia de su enfermedad asesina, pero tampoco la creía tan poderosa. Cuando lo vi ya desahuciado, comprobé que, pese a no ser inmortal, para muchos sería imborrable.