domingo, 7 de febrero de 2016

MAYORAZGO

Vivir a lo grande de los bienes gananciales cuando uno es de baja cuna, hijo mío, es todo un arte para el que, además de muchas tragaderas, hace falta gran aplomo, no poca discreción y toda la pericia. Ese es un lance que a ti, querido primogénito, te he ahorrado, pues ya naciste en la opulencia, no como yo, que procedo de allá donde espero nunca regreses. De modo que no receles de mí, amado heredero, porque te dejo en la cúspide para que elijas bien y no tengas que llevar en el pecado la penitencia.