sábado, 19 de marzo de 2016

HOMO HOMINI LUPUS

Hoy, como no hay luna, estará aquel tipo mirando al cielo desde la loma. Al
principio lo creí trastornado e incluso peligroso, pero, por su manera de mirar las luces del firmamento, nada indica que sea un ser agresivo. De hecho, solemos intercambiar saludos banales cuando me lo cruzo:
—Buenas tardes, señor. Fresco, ¿no?
—Buenas —respondo amablemente. Fresco, sí.
—Seguro que este cielo no lo tienen allí en la ciudad, ¿eh?
—No, claro, aquí se ve todo de otro modo.
—Vaya que sí, se lo digo yo. Mire hacia allá, donde tiembla esa estrella. No estaba cuando era chico y ha venido a vivir a este cielo. Como usted a nuestro pueblo.
—Sí, es hermosa, no parece real.
—Así son las cosas en el campo, naturales y mágicas. Buenas noches. Con dios.
Ese dios al que me encomendaba el paisano era el mismo que no le permitía aceptar el origen artificial de su admirada estrella, pues aquella luz rutilante no era más que la estación espacial en su órbita programada. Ese mismo dios lo castigó a no volver a ver la luna para no manchar de nuevo sus manos con sangre inocente.
—Cuídese usted también...de la luna -pensé.
Enlace a ENTC