viernes, 2 de septiembre de 2016

EL QUICIO DE TODAS LAS RESPUESTAS

Siempre imaginé que el paraíso sería algún tipo de biblioteca, un laberinto de estantes con olor a papel viejo y a cuero, a madera y a cuarto cerrado, por eso no me importaba morir, al menos no muy pronto, si a cambio se me permitía gozar del tiempo quieto de la palabra impresa. Idolatré los libros, desatendí mi casa. Mi salud, mi fortuna, todo lo abandoné. ¿Fui malo acaso? Eso, que lo defiendan otros, Que mi voz apocada ya no tiene con qué. Ahora que me queda poco para descubrir si mis fantasías son o no como las pensaba, preferiría que semejante edén no existiera, pues sé que no se me abrirán sus puertas.