lunes, 24 de octubre de 2016

PERDICES COMIERON

Al otro lado de la ventana no había cuento de hadas, ni érase
una vez, ni comieron perdices, porque sí, las comieron algunos, pero ella no. Para la modistilla, el boato acabó tras el baile. Después vino verse encinta anualmente hasta dar con el varón; engañada e insultada por su propio príncipe en lechos de otras costureras menos sentimentales.
Aquella noche, acodada en la ventana, cansada de ser transparente, entró en la cocina y preparó de nuevo el plato favorito de la corte, perdices. Fue la primera vez que se alegró de quedarse sin probarlas.

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