domingo, 20 de noviembre de 2016

DESORIENTADO

No era el mar, pero se le parecía de lejos aquella noche: ruido
monótono, resplandor discontinuo, atrayente inmensidad. Qué tentador parecía alcanzarlo para escapar de aquel peligroso agujero. No era el mar, pero se le parecía tanto y era tan fácil llegar a él, que seguí mi instinto y, arrastrando tras de mí a los demás, llegamos a paso de tortuga hasta una gran planicie negra surcada por engendros que aplastaron bajo sus ruedas el caparazón de todos mis hermanos, recién salidos del huevo. Ahora, solito, debo volver atrás y perpetuar la especie.