domingo, 28 de febrero de 2016

PARED CON PARED

El ruido de la cerradura me alerta de su llegada y, como siempre, apago las luces para agudizar mis sentidos. Corro a la puerta para observarla por la mirilla, pero, como casi siempre, he de conformarme con la sombra que se proyecta en el rellano. Entonces, siguiendo su trayectoria por el ruido de los tacones, la sitúo en el pasillo, donde comienza a descalzarse, arrojando los zapatos al azar y deslizando sus pies por el suelo. Una cremallera en el silencio me indica que se está desprendiendo del vestido, y entonces espero a que atraviese la ventana por donde, casi desnuda, se acerca al cuarto de baño, y allí, desde el otro lado, la oigo jadear mientras le cae el agua de la ducha de arriba abajo. Yo también espero que ella escuche mi respiración agitada y que sepa que, pared con pared, nunca estaremos solos.


Relato publicado en "Deseo eres tú"

lunes, 15 de febrero de 2016

LA MUERTE

Era de los pocos detectives honrados que quedaban en la ciudad, un tipo de los de antes, reservado, bebedor y enérgico. Pactaba con enemigos y enfrentaba a aliados para mantenerse siempre en la cima. Sus confidentes habrían trabajado para él incluso sin cobrar, tal era su prestigio. Sus amantes lo llorarán a partir de ahora como un cortejo de viudas. Nunca confió en la inocencia de su enfermedad asesina, pero tampoco la creía tan poderosa. Cuando lo vi ya desahuciado, comprobé que, pese a no ser inmortal, para muchos sería imborrable.

domingo, 7 de febrero de 2016

MAYORAZGO

Vivir a lo grande de los bienes gananciales cuando uno es de baja cuna, hijo mío, es todo un arte para el que, además de muchas tragaderas, hace falta gran aplomo, no poca discreción y toda la pericia. Ese es un lance que a ti, querido primogénito, te he ahorrado, pues ya naciste en la opulencia, no como yo, que procedo de allá donde espero nunca regreses. De modo que no receles de mí, amado heredero, porque te dejo en la cúspide para que elijas bien y no tengas que llevar en el pecado la penitencia.

jueves, 4 de febrero de 2016

EL PARTE

En casa se cenaba siempre a las nueve, siempre sin
hablar y siempre escuchando el parte radiado lo bastante alto como para que se oyera en el vecindario. Papá ni masticaba mientras aquella voz decía cosas extrañas acerca de una gran victoria sobre una banda de desleales. Cuando mi padre apagaba el transistor, entonces volvía un leve murmullo al comedor, acompañado del tintineo de los cubiertos sobre el plato, y entonces también veíamos a mis padres mirarse de reojo como diciéndose que habría que seguir esperando, y esperando, y esperando... Y tanto esperaron, que nunca les llegó el día.
Hoy los he recordado cuando, sentado a la mesa, he escuchado las palabras que tal vez ellos esperaron tanto tiempo: “Españoles,…”

Enlace a ENTC