jueves, 23 de junio de 2016

LAS DOS ORILLAS

Todos aquellos planes, aquellos sueños, lo tenían como ido, y ella lo notaba día a día viendo que su mirada estaba ya embarcada en una travesía incierta y prometedora a la vez. 
—Te escribiré, repetía él constantemente.
Una nueva vida lejos de la casi segura miseria era suficiente como para echarse a la mar y probar suerte.
—Encontraré un trabajo, volvía a decirle.
Pocas cosas la ligaban a sus orígenes, pero los lazos con él se estaban desatando también a causa de su obstinación con el nuevo mundo al otro lado del océano.
—Vendrás cuando me haya instalado, insistía.
Viendo alejarse el barco por el océano, ella era un mar de dudas.