martes, 25 de octubre de 2016

TERCER GRADO

El penado de la celda 273, don Isidro Parodi, recibió con
algún desgano a su visitante, que visiblemente no le aportaba para su evasión ni una lima, ni una botella de licor ni mucho menos una jovencita. Tampoco le vio un gesto de traer buenas noticias.
—¿Cómo está hoy, señor?
—Entre rejas, como desde hace dos años.
El fastidio del reo hacia su abogado se transformó en franca antipatía, y ni siquiera el paquete de Mikado de chocolate blanco consiguió borrarle del rostro una acritud, herencia de los Parodi.
—Me estás dando largas con estas golosinas, y yo quiero que asustéis a los jueces para estar fuera de aquí en dos semanas.
Fingiendo entender el mensaje, el abogado se marchó sin decirle que, tras una defensa deliberadamente torpe, le darían la perpetua, que abandonaba el caso y que, como sus hijos, dejaría el país con los bolsillos llenos.

Participante en el concurso de microrrelatos de Getafe Negro 2016.

lunes, 24 de octubre de 2016

PERDICES COMIERON

Al otro lado de la ventana no había cuento de hadas, ni érase
una vez, ni comieron perdices, porque sí, las comieron algunos, pero ella no. Para la modistilla, el boato acabó tras el baile. Después vino verse encinta anualmente hasta dar con el varón; engañada e insultada por su propio príncipe en lechos de otras costureras menos sentimentales.
Aquella noche, acodada en la ventana, cansada de ser transparente, entró en la cocina y preparó de nuevo el plato favorito de la corte, perdices. Fue la primera vez que se alegró de quedarse sin probarlas.

lunes, 17 de octubre de 2016

SÖDERHAMN

Cuando se prendieron las cortinas de la cocina, por fin
entró la luz y, gracias al descuido del abuelo, descubrimos que habríamos debido quemarlas nosotros antes, y las del salón también. Luego vinieron los cuadros con ciervos acorralados en una batida de caza, los pañitos de la mesa, la muñeca sobre la tele, la ropa vieja... Todo fue pasto deliberado de las llamas y liberación para nosotros. Lo malo fue que aquel método de redecorar nuestras vidas tuvo peores consecuencias cuando quisimos cambiar el sofá sin mirar si en él estaba o no sesteando el abuelo.

viernes, 14 de octubre de 2016

Cadillac solitaire

Peu avant que les dimanches ne fussent d'amers
préludes à cet immuable tourment, il y en a eu qui s'écoulèrent sereins dans ce même versant depuis où dans des bras d'amours inconnues de siège arrière, je voyais l'aube, je sentais le parfum de la mer, j'écoutais le réveil de la ville. Mais ça fait quelque temps que ma vieille Cadillac de seconde main a eu un sort meilleur que le mien et elle a fini comme un amas ferrailles.
Déjà, je ne remarque à peine plus qu'un peu de frais et d'humidité ; parfois j'ai faim et soif ; quelqu'un me soigne et me pousse. Oui, sous les palmiers, elle brille solitaire. Et tu n'es pas là, petite.

Traducción al francés de MJ Pastre

lunes, 10 de octubre de 2016

CADILLAC SOLITARIO

Poco antes de que los domingos fueran amargos
preludios de este inmutable tormento, los hubo que transcurrieron serenos en esta misma ladera desde donde, en brazos de desconocidos amores de asiento trasero, veía amanecer, olía el perfume del mar, escuchaba el despertar de la ciudad. Pero hace algún tiempo que mi viejo Cadillac de segunda mano tuvo más suerte que yo y acabó como un amasijo de hierros.
Apenas noto ya fresco o humedad; a veces tengo hambre y sed; alguien me cuida y me empuja. Sí, bajo las palmeras, luce solitario. Y no estás tú, nena.

Soneto al tiempo detenido por una mano que no encontró la ocasión

Poco antes de que los domingos fueran
Amargos y monótonos instantes
Tratando de engañarme, hubo un antes
En que pudiste hacerlo, compañera,
Y no hallamos momento ni manera
De arrancarme la vida sin nostalgia,
De apretar un botón, una palanca;
De recordarme solo como era,
Y no como ahora soy, un lastre ciego,
Mudo, incómodo, trágico y sedado,
Aseado por tus manos, que pudieron
Evitarme que, a falta de futuro,
Ahora me aferre solo a este pasado,
Que para mí no cuenta como tiempo.

sábado, 8 de octubre de 2016

Cuéntate los dedos, pequeña

La pequeña intérprete lloraba sin consuelo, y ni todos los mimos de sus padres alcanzaban a apagar los sollozos de la apenada segundona, que no estaba acostumbrada a que alguien le hiciera sombra. Tales eran su rabia y su decepción, que ni quiso subir a recibir el diploma de honor que la acreditaba como una de las mejores pianistas, pero no como la mejor.
De pronto, un miembro del jurado se puso en pie. Era una señora fea, desgarbada, y sin embargo había algo en ella que la hacía íntegra y elegante para aquella concurrencia tan selecta y escrupulosa. A duras penas podía bajar los peldaños del escenario, pero se tomó su tiempo, como solía hacer. Nadie pareció impacientarse por su lentitud, y por fin llegó hasta donde la criatura resoplaba rumiando su desgracia.
Siéntate ahí, ahí, y cuéntate los dedos —dijo con una voz implacable.
Como por encantamiento, tras obedecer aquella orden que parecía no tener sentido, la niña dejó de llorar, hipnotizada por los ojos de aquella señora que la miraba desde lo alto sin sonreírle, pero sin asustarla.
Siéntate ahí, ahí, y cuenta esas gotas de lluvia –volvió a repetirle.
Como ocurriera con lo anterior, la chiquilla siguió aquellas instrucciones al pie de la letra, y así se distrajo hasta el punto de centrar toda su atención en la misteriosa dama que seguía sin pestañear.
La señora sabía que la pequeña se sentía rota, pero le aportó otro consuelo distinto al de las palmaditas y las falsas esperanzas. Prefirió decirle la verdad en vez de darle la razón, y por eso la muchacha se sonó la nariz y escuchó atenta.
—¿Quieres el diploma? Pues pelea por él, pero no lloriquees, que no tienes motivo, tú, niñita caprichosa. ¡Niñita triste!
La niña no podía dejar de mirar aquellas manos enormes, unas sorprendentes manos de dos colores, como las teclas de su piano, que le acercaban el premio pero que lo sostenían con fuerza mientras le proponían un reto de talla.
—Ya sé —prosiguió la juez—, ya sé que ahora no sabes qué queda por hacer, pero te diré que yo también pasé por esto, mocosa. Tus padres ni habían nacido aún, y yo ya acariciaba esas teclas con esmero, pero mi familia no era muy querida. Eran otros tiempos, qué más da eso ahora.
La historia se remontaba a cuando, entonces talentosa pianista, la niña de manos de dos colores ponía en peligro la supremacía de los candidatos de los barrios altos tras haber brillado en las salas de concierto de los arrabales del sur. Pero ya se las ingeniaron ellos para que nadie de su origen pudiera participar, ni traer a sus padres al patio de butacas, ni mucho menos optar a las becas del conservatorio para niños de manos de un solo color. Aquellos niños llegaron al mundo varios peldaños por encima…
—Todo lo que necesitas, todo eso —añadió con su voz grave— ya lo tienes tú, niña triste. Y también tienes el tiempo ante ti. Pero no, tú quieres el premio sin pasar por el esfuerzo; el aplauso sin el trabajo; la gloria porque sí, como una herencia. Y si no, te enojas y pataleas. ¡Si yo hubiera podido!
Cuando, tras ver cómo se le cerraban las puertas del conservatorio por el color de su piel, toda su vida cambió, y aquella joven promesa del piano hubo de conformarse con las migajas del gran pastel que se repartieron otros, muchos de ellos mediocres intérpretes, otros indiferentes artistas de salón, y muy pocos verdaderos músicos. Ella sí lo era, pero sus manos…, sus manos la delataban.
—Toma este diploma y no desprecies tus logros. Pelea por ser la primera y no te lamentes si te superan. Practica, practica, practica… Como hice yo.
La niña comprendió entonces que aquella mujer de piel oscura había practicado tanto con el piano, que solo sus manos escaparon a los rayos del sol.

martes, 4 de octubre de 2016

Habeas corpus (en francés)


Et voilà qu'il se tachait les doigts après t'avoir livré le paquet. Vrai? Et vous après vous suiviez sa trace comme un détective de film .N'est ce pas ainsi? Et il arrivait à la cachette secrète où par hasard, il y avait un ramassis de voyous. Me trompais-je? Et qui peut savoir comment tous finissent morts, alors que disparaît un chargement de drogue de très grande valeur. Est-ce comme ça? Et enfin dans sa boulangerie, ils laissent, ensemble un sac de farine et par erreur quelques ballots de poudre blanche qui ne se mélange pas bien. Me trompais-je? Et par dessus le marché vous essayez de me soudoyer et me dites que vous n'avez pas besoin d'un avocat. Ce n'est pas cela?


Habeas Corpus, traducido del español por MJ Pastre