lunes, 15 de mayo de 2017

Y MI PAPÁ ES POLICÍA

—Y el mío es médico, de los que curan.
Los dos niños, lejos de presumir del heroísmo de sus padres,
contaban lo aburridos que parecían, siempre ocupados con papeles y poniendo caras largas.
—Pues si es médico de los que curan, a lo mejor tiene que echarle una mano al mío, que está en el hospital. Y a cambio, el mío protegerá al tuyo. Tiene pistola.
Parecía un acuerdo justo, sin duda. Lo que no sabían era que el papá de Tino ya se ocupaba del de su amigo, y precisamente esa mañana iba a hablar con su paciente en la planta de oncología.
—Creo que estamos en una situación sin retorno.
—¿Me está hablando de…?
No hizo falta más respuesta. El ensayo había fallado y el cuerpo no daba para más.
—No es necesario sufrir. Cuando duela…
Ambos se estrecharon la mano, se miraron a los ojos y, con heroica serenidad, se dijeron adiós.
El médico había preparado a conciencia la despedida; el paciente lo tenía todo listo para cuando, tras la muerte de su papá, el niño tuviera que enfrentarse solo a la vida.

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