sábado, 11 de noviembre de 2017

TIEMPOS DE GUERRA

Ya casi nadie recordaba desde cuándo
estaban en guerra, ni contra quién, ni por qué motivo. Y la vida parecía ser tan monótona como en tiempos de paz. Si no fuera por la añoranza de los que se fueron a luchar y no volvieron, o por las calamidades de los que regresaron tullidos, se diría que el pueblo estaba más preocupado por la llegada inminente del invierno que por el nuevo giro de la contienda.
—¡Vecinos, la guerra terminará en breve!, avisaba con júbilo el megáfono del ayuntamiento, en cuya fachada ondeaba una gloriosa bandera.
Con el fin de la guerra llegarían los honores. Sin embargo parecía como si nada pudiera hacer salir a los aldeanos de su letargo, nada, ni los cambios en el frente oriental ni la entrada en guerra de unos poderosos aliados de ultramar.

Los campos surcados de trincheras y las bombas sin explotar en medio de los sembrados auguraban otro año más de hambruna y resignación.