jueves, 11 de enero de 2018

EL TAHÚR

Pestañeó dos veces para decir que sí, y una carta le llegó deslizándose sobre el tapete. Con toda la mesa atenta al menor detalle, el forastero acercó el naipe a los que ya tenía, miró a sus adversarios por encima de las gafas, pestañeó tres veces, una por cada jugador, y subió la apuesta. Resoplando, echaron mano al bolsillo. Mientras recogía las ganancias, en el salón flotaba un aire de desafío, pero volvió a pestañear una vez para decirles que no, y comprendieron que debían soltar el arma y volver a poner las manos sobre la mesa.

PRÉHISTOIRE

Quand il ressentit le vide, l’homme des cavernes décida Grotte Chauvet que, pour combattre la barbarie, pas besoin de plus de barb...