miércoles, 28 de febrero de 2018

LA SEGUNDA VENIDA


Hacía casi dos milenios que lo habían crucificado y el
cuerpo le pedía un poco de alegría, de modo que, aprovechando un descuido de sus fieles custodios, bajó a tierra, comenzó a caminar siguiendo las luces de una avenida. Entró en un callejón en cuyo fondo parecía haber una puerta entreabierta.
-Buenas noches, un vino.
-¡Ssssss! No vuelva a decir esa palabra en voz alta, hace siglos que está prohibido.
-¿Prohibido?
-Sí, todo está prohibido últimamente.
Al cabo de un rato, el dueño del local volvió con un vaso de tinto.
-Tenga, pero si le preguntan, no me conoce. Y usted para mí no existe.

EL LOCAL DE ABAJO

Nos comimos a unos cuantos vecinos para no defraudar al propietario del edificio, que a cambio de nuestros servicios, nos cedería el loc...